HISTORIA

Las raíces de las J.M.V. se sitúan en el año 1830, la noche del 18 al 19 de Julio, en el mensaje de la primera aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré. La aprobación inicial del Papa Pio IX, en 1847, fue ampliada sucesivamente para que la asociación pudiera ser creada en todas las diócesis del mundo.

J.M.V. es un proyecto cristiano, con el carisma vicenciano, que busca "que los jóvenes lleguen a la maduración integral de la FE, buscando que puedan alcanzar, desde la formación, la celebración y el servicio, y la conversión que los signifique en el mundo como testigos de Jesús de Nazaret, el Evangelizador de los pobres ".

FORMACIÓN HUMANA Y CRISTIANA

En todos los países J.M.V. es un lugar privilegiado de formación humana, cristiana y apostólica. Teniendo en cuenta las realidades que afectan a los jóvenes hoy, aparecen nuevos desafíos, porque la FE y los valores de ayer se ponen en tela de juicio; y los jóvenes no tienen puntos de referencia.

Al mismo tiempo se da una formación mariana a través de las celebraciones festivas con la ocasión de las fiestas de María, principalmente a partir del mensaje de 1830, novenas, marchas, peregrinaciones, el rezo del rosario, la difusión de la medalla de María Inmaculada.

Por otra parte, en función del caminar de cada nación, se imparte una formación continua más profunda y segura a los responsables y futuros animadores sobre la formación sacramental, bíblica, litúrgica, teológica, eclesiológica, socio-política..., por medio de cursillos, reuniones, seminarios, etc. Esta formación inicial y continua está impregnada de la espiritualidad del Movimiento que está vinculada a testigos privilegiados: San Vicente, Santa Luisa y Sta. Catalina.